LAS BARRERAS DE CHILE, NEGOCIO REDONDO

El recién pasado fin de semana, y producto de las festividades de Semana Santa, dejó muchas postales para la posteridad, no obstante deja una que causó molestia e indignación en miles de conductores que lanzaron nuevamente sus dardos a los concesionarios de las autopistas chilenas, las que reciben y reciben sin preocuparse de quien paga.

El hito emblemático se vivió el domingo pasado en la ruta 68 que une a la Quinta Región con la Metropolitana, catalogado como “histórico” por las autoridades de la zona; en esa tarde que pasará a la galería de las “joyas nacionales” se produjo un atochamiento devenido a taco protagonizado por las plazas de peaje con la misión de hacer frente a más de 4.400 automóviles que retornaban a la capital después de un reparador fin de semana. Misión que evidentemente fracasó, los planes de contingencia sencillamente no funcionaron y se produjo un taco que en casos retrasó hasta en 4 horas un trayecto normal de 45 minutos.

Sin entrar en detalles de este episodio en particular (puesto que en otros puntos del país también sucedieron cosas), la discusión se centra en las obligaciones que corresponden a quienes se adjudican jugosos contratos para velar por el bienestar de las principales arterias del querido, largo y angosto Chile. Las concesionarias fueron el blanco al que apuntaban los dardos y trajo a colación la discusión sobre en qué casos los peajes debiesen elevar sus barreras para descongestionar los puntos críticos.

Punto al que el Ministro de Obras públicas se refirió el año 2016, puntualizando que dichos criterios debiesen aplicarse en zonas específicas como la Ruta 5 Sur, como lo señaló en ese momento el Ministro en servicio, señor Alberto Undurraga “en el peaje Angostura, el cambio de contrato permitió que si hay más de 120 metros parejos en todas las vías, tiene que abrirse la barrera”, detalló.

De todas formas este colapso no quedó solamente en una anécdota y el gobierno evalúa nuevas medidas para evitar casos similares en el futuro. Algunas posibles medidas a barajar son eliminar peajes manuales implementando telepeajes (véase el famoso Tag).

Sin embargo estas medidas son solamente mitigadoras y de mediano plazo. La solución se basa en trabajos con una mirada a largo plazo y trabajos de soluciones definitivas en un país que se sustenta en una sola vía para el tránsito de norte a sur, que a la menor intervención colapsa de inmediato y detiene toda actividad comercial, hablando en materia de transporte (si los camiones se detienen ya sabemos lo sucede como diría el gran Gary).

¿Qué opina usted al respecto? Sobre todo cuando se han dado a conocer cifras desorbitadas sobre las utilidades que experimentaron las concesionarias en Chile entre el 2010 y el 2017, las que arrojaron un crecimiento de un 507% en una década que ha sufrido innumerables alzas en precios de peajes, sumadas al crecimiento del parque automotriz que lo hizo en un 1,7 millones de vehículos que hoy en día bordea los 5 millones de automóviles que transitan a diario por las carreteras. Precisamente refiriéndonos a La Ruta 68, que une Santiago y Valparaíso exhibe el mayor aumento de este grupo, con un avance de 158% en los últimos siete años, totalizando $33.600 millones (dólares) a diciembre pasado.

 

Pablo Chávez Bastidas.


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